FELIZ NAVIDAD!!! Nuestro regalo de este año: https://youtu.be/foY-zY_1yJY
Have Yourself a Merry Little Christmas es una de las canciones navideñas más emblemáticas del siglo XX, reconocida por su tono íntimo, melancólico y a la vez esperanzador. Fue compuesta en 1944 por Hugh Martin (música) y Ralph Blane (letra) para la película Meet Me in St. Louis, donde fue interpretada originalmente por Judy Garland. En ese contexto, la canción funcionaba como un gesto de consuelo y resiliencia en medio de la incertidumbre de la Segunda Guerra Mundial.
Años más tarde, Frank Sinatra grabó una versión con un tono más optimista, modificando algunas frases clave, lo que contribuyó decisivamente a su difusión y a su incorporación al repertorio navideño popular. La interpretación de Ella Fitzgerald, marcada por un fraseo elegante y una calidez vocal contenida, ayudó a consolidar la canción dentro del canon jazzístico navideño.
La vigencia de la obra reside en ese equilibrio poco común entre nostalgia, fragilidad y esperanza, que la distingue de otros villancicos más celebratorios y explica su uso recurrente en contextos íntimos, cinematográficos y reflexivos. En esta ocasión, Byron Rabe y Sofi Ponce Rabe la interpretan en un video informal grabado con celular, como un gesto cercano y afectuoso para amigos y familiares en esta Navidad.
En 1972 se realizó el Congreso de Reestructuración de
la Facultad de Arquitectura conocido con las siglas CRA, que se convirtió en un movimiento conocido por
esas siglas y que se desarrollaría durante el resto de esa década. Uno de los
principales actores del movimiento fue el arquitecto Gilberto Castañeda.La entrevista se desarrolló
durante varias sesiones. Inicialmente se tuvo un acercamiento durante la
presentación de un Foro sobre el Congreso de Reestructuración de la Facultad de
Arquitectura -CRA- en el Colegio de Arquitectos, que se realizó en conmemoración del 50
aniversario del congreso. Luego algunas preguntas y respuestas escritas e
intercambio de información por correo electrónico y, dos sesiones desde México,
por medio de Zoom durante agosto de 2022. Finalmente, luego de la publicación
del Libro El Movimiento que transformó la Facultad de Arquitectura, CRA,
se hicieron algunos ajustes a solicitud del entrevistado. La conversación se
enfocó en las percepciones, vivencias, documentos y recuerdos de Castañeda
durante el proceso de transformación.
La tercera década del siglo XXI puso en jaque a instituciones y sociedades del mundo. Por un lado, las crisis económicas, políticas y sociales a nivel global y local, los crecientes desastres naturales que han arrasado innumerables comunidades en todo el orbe y por otro la pandemia que cambió la estructura educativa con la incorporación obligada de la tecnología. A ello se suman las alteraciones culturales de la juventud generadas por las redes sociales, el imparable y abarcador uso de dispositivos electrónicos; el fácil acceso a información y recursos, y más recientemente, la invasión de la inteligencia artificial. Todo forma parte de una realidad insoslayable para la que no sólo debemos preparar a las nuevas generaciones, sino aprender a adaptarnos nosotros mismos.
En medio de ese incierto escenario tenemos la oportunidad para hacer una revisión de principios, contenidos, técnicas y métodos en la formación y plantear una estructura curricular que favorezca la integración académica y mejore la eficacia del aprendizaje.
La historia de la humanidad ha contado con hombres y mujeres que tuvieron como principal reto la creación. Vieron, sintieron, pensaron y vivieron en el mundo de una manera diferente, sus mentes fueron fruto de inspiración y su obra se convirtió en patrimonio para la posteridad. Han sido producto de su talento, pero también del medio y la época en que vivieron. Algunos entre severas limitaciones supieron hacer camino para orientar su energía creativa en medio de procesos críticos, que en lugar de ser obstáculos fueron incentivo para seguir creando.
Este es el caso de un niño nacido en un pequeño pueblo al sur de Guatemala, San Antonio Suchitepéquez. De cuna humilde y padre campesino, tuvo una niñez y adolescencia con severas limitaciones que no impedirían que años después se convirtiera en una de las grandes glorias de la música y la cultura guatemalteca. La narración es acompañada por la mayor parte de la historia política de Guatemala del siglo XX. El documental fue presentado en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, en el 2006, cuando Jorge Sarmientos cumplió 75 años.
The Christmas Song fue escrita en 1944 por el vocalista Mel Tormé y Wells Bob. Fue grabada por primera vez en 1946 por Nat King Cole. Hemos hecho una adaptación al español (no traducción literal) y tenido la genial colaboración de Selvin López para los arreglos musicales; las voces principales y coros fueron realizadas por Sofi Ponce Rabe y Byron Rabe. Cuando íbamos a grabar el video nos alcanzó el Covid y ya no fue posible hacerlo antes de Navidad, por lo que adaptamos un montaje de fotos. Les deseamos Feliz Navidad.
En este trabajo se revisan diversos
momentos relacionados con el movimiento de transformación para la
Reestructuración de Arquitectura conocido como CRA. Se hace un breve recorrido histórico que
comienza con la fundación de la carrera, sigue con una descripción de lo
sucedido en los primeros años y de los hechos que favorecieron el surgimiento
del movimiento. Se evalúan criterios, postulados y acciones que favorecieron la
reestructura, se analiza la etapa de institucionalización del proceso y, finalmente,
se revisan las condiciones que llevaron a la caída del modelo.
Toda la información está debidamente
documentada por Actas, reportes históricos, documentos y periódicos.
Para triangular y completar la
investigación se entrevistó a varios de los principales actores y se acudió a
fuentes secundarias para obtener las visiones de personajes ya fallecidos.
En general se reconocen los esfuerzos
que unos y otros hicieron para el desarrollo de la enseñanza de la arquitectura.
Pero también se descubren detalles poco conocidos y se aclaran rumores que han permanecido
en el imaginario de nuestra facultad.
Para llegar a buen término se tuvo el
apoyo de muchas personas, entre ellas personal del Archivo General de la Universidad
y de la Facultad, de los entrevistados, que mostraron diversas posturas y
enriquecieron el documento con sus opiniones, memorias y comentarios, de quienes
aportaron fotografías e imágenes, los que identificaron los nombres en esas imágenes,
quienes nos hicieron el honor de presentar y prologar el libro, los que apoyaron
en la revisión, diagramación, presentación, divulgación y montaje de este evento. A la
Embajada de México y a todas las personas que contribuyeron, de una u otra
manera a esta publicación, mi eterno agradecimiento.
Les comparto que tuve hallazgos que cambiaron
mis percepciones iniciales. Sin duda, algunos de los resultados generarán
polémica, por lo que traté de que la información fuera lo más objetiva posible
e incluir todas las citas y fuentes utilizadas.En fin, son los hechos documentados los que definen la columna central
de esta historia.
A continuación, procederé a hacer la presentación
del contenido. Hago la acotación de que es una breve síntesis con algunas
reflexiones que están desarrolladas de manera más completa en el libro.
Iniciamos.
El triunfo de la revolución cubana
influyó en una serie de cambios de los movimientos sociales y estudiantiles en
Latinoamérica. Se fueron afianzando las posiciones de la izquierda democrática
y también fortaleciendo los movimientos armados que buscaban un cambio en las
estructuras de poder, que tuvieron como respuesta, violentas reacciones de los
gobiernos conservadores.
La dinámica de transformación política a
lo interno de las universidades comenzó a fortalecerse en los años 60.Gradualmente se ampliaba la participación
estudiantil en los movimientos sociales y, la actitud crítica y contestataria
hacia el statu quo, se hizo más enérgica.
Brotaría una lucha ideológica que, durante
los años 60 y 70, favorecería los pensamientos de izquierda robustecidos con
los fines de la Carolingia.Una serie de
sucesos irían creando condiciones y vigorizando la participación estudiantil en
los procesos político-sociales que derivarían en la redefinición de la
orientación académica universitaria.
Durante los primeros años en la Facultad
había prevalecido el concepto de una enseñanza tradicional marcada por la
visión academista sobre la base de los criterios y experiencia de los profesores.El pensamiento crítico y las actitudes hacia
la realidad social que vivía el país no era un referente que se priorizara y
mucho menos, se estimulara.
Lo que se consideraba determinante era
formar arquitectos que, de acuerdo con las experiencias de los profesores de
entonces, pudieran insertarse en el escenario profesional que, en ese momento,
demandaba una carrera orientada al servicio de las élites.
Desde los años sesenta los estudiantes
comenzaron a cuestionar esa visión. Eran años de rebeldía que fueron
promoviendo, poco a poco, cambios en la visión de la educación superior pública
que hicieron desencajar el concepto elitista de la profesión y comenzó a
plantearse otra arquitectura que fuera más orientada hacia las necesidades
sociales.
Para inicio de los 70 los estudiantes serían
los nuevos protagonistas y tomarían la iniciativa de impulsar la reestructura
académica. Poco a poco, los directivos de la Escuela irían perdiendo el control
y observarían cómo, un proyecto por el cual habían trabajado desde los años
cincuenta, se escurría entre propuestas y acciones, fuera de su dominio.
El CRA se insertó como un designio revolucionario y
se convirtió en un símbolo que posicionó la participación de los estudiantes en
las directrices de su propio desarrollo académico. Brotaría de sólidos planteamientos
ideológicos coherentes con los movimientos sociales de la época y de una visión
política, que se fue afianzando para su aprobación e implementación.
La
poca disposición de las autoridades para hacer cambios al paradigma fundacional,
la posición de mantener criterios académicos tradicionales y la indisposición
para afrontar de manera participativa la problemática académica, terminarían
pasando la factura.
Desdeñaron
las señales que se estaban emitiendo, no previeron las transformaciones que se
acercaban, ni asimilaron las variaciones que se estaban teniendo al interior de
la universidad. No se percataron del riesgo, ni escucharon el eco de los
tambores de cambio que, tarde o temprano, harían insostenible el rígido modelo
académico administrativo implementado en la joven facultad.
Para
entonces, los cuatro puntos cardinales mostraban los negros nubarrones que se
acercaban. De manera inoportuna, desafiaron el turbulento clima con una desafortunada
propuesta de normas de evaluación. Esto fue aprovechado para destapar el
torbellino y se inició una tempestad que haría tronar los cimientos de la
estructura académico-administrativa.
La
represa se fue llenando de argumentos y estrategias que favorecieron el
fortalecimiento de la organización estudiantil y la construcción de vínculos
con algunos actores de los movimientos sociales que, sumado a la llegada de un
nuevo rector con pensamiento afín, favorecerían las posturas del sector
reaccionario.
En
algún momento llegó a pensarse que se había superado la inicial resistencia y alcanzado
acuerdos razonables entre los sectores que participaron en la inauguración del
CRA.
Pero
el proceso fue tomando cauces ideológicos y esto comenzó a inquietar a algunos
de los actores.
El
Decano no sería partidario de la reforma, no sería parte de una posible
transformación que concibió con tintes políticos y no toleró la presión que
esto le generaba.A meses de concluir el
período para el que fuera electo, se encontraba en una incertidumbre inédita,
en un consciente espejismo de conducir un barco institucional que se dirigía,
imparable, por rutas que desconocía y con una tripulación ingobernable, lo que
le llevó a presentar su renuncia.
Pero
el CSU no la aceptó y le instruyó retomar el cargo inmediatamente. Esto
originó, por cuenta del propio Consejo, un vaivén de decisiones y una de las
confrontaciones universitarias más delicadas de la época, que además,
encendería el fuego entre conservadores y progresistas que mantendrían una
creciente hostilidad, azuzada por las confrontaciones ideológicas que se daban
a nivel nacional.
A finales del convulsivo año fue aprobado el Plan de
Estudios 1972. La estructura curricular fue modificada sustantivamente, con un
enfoque marxista orientado a la vinculación social de la arquitectura, que no
cuadraba con la línea dura de los conservadores, que todavía luchaban por
subsistir.
Para consolidar el movimiento se descartaría
cualquier fuerza que pudiera interponerse en la transformación. En una
cuestionada evaluación docente se logró prescindir de los profesores temporales
que no servían a los propósitos de la reestructura. Para 1973, la configuración
docente había cambiado totalmente, sólo quedarían unos pocos que manifestaron
simpatía por el proceso.Pero aún quedaban
los 17 profesores titulares, la mayoría, con puntos de vista en contra de la ideología
de la reestructura.
Durante un frustrado proceso para elegir decano se
dieron una serie de manipuleos políticos.Finalmente, en junio de 1973, el candidato que había sido declarado ganador
de las elecciones no sería confirmado debido a que el CSU estableció anomalías
en el proceso electoral. Tampoco sería aprobada la propuesta de autogobierno del
CRA que buscaba eliminar la figura del decano, aunque se crearía la figura
alternativa del Consejo de Facultad, un órgano paritario con el mismo nivel de
la Junta Directiva para tratar aspectos académicos.
Y eso fue todo. Ante las nuevas condiciones el
decano renunció en definitiva y la Junta Directiva se desarticuló totalmente.
La Facultad se encontraba en el limbo. El CSU nombró una comisión interventora que
sería totalmente proclive a la reestructura. Y tal como esperaban los
partidarios del CRA, ya no se convocaría a elecciones hasta que hubiera
condiciones favorables para el movimiento.
En poco tiempo se logró desbaratar la poca
resistencia que quedaba.Para marzo de
1974, debido a trámites administrativos inconclusos, se destituiría a un sector
de catedráticos titulares, lo que generaría una reacción de repudio de otros
titulares, que presentarían su renuncia.Esto llevaría a fundar la Facultad de Arquitectura en la Universidad
Rafael Landívar.
Entre tanto, se seguía impulsando
una revolución total dentro de la Facultad. Sin el Decano conservador, sin los
miembros de la Junta Directiva y sin un claustro que hiciera oposición, las
posibilidades de accionar se habían fortalecido.Con esto la represa estaba llena de
condiciones favorables, todas las piezas estaban colocadas y los procesos
serían desempantanados a conveniencia del CRA.
Como
corolario a esta fase, se lograría integrar un cuerpo de nuevos catedráticos
titulares, que apoyarían al único candidato a Decano, proveniente de las filas
del CRA. Así las cosas, el Decano interino, se convertiría en el Decano electo
en octubre de 1974.Con este resultado
se esperaba consolidar un gobierno facultativo emanado de las entrañas del movimiento,
que aseguraría que la transformación siguiera por el derrotero trazado.
Se
convocaría a la integración de los organismos paritarios: el Consejo de
Facultad, la coordinación académica y los comités de áreas. Pero en corto tiempo
se comenzó a hacer visible la falta de coordinación y las luchas entre la Junta
Directiva y el Consejo de Facultad. Los conflictos entre ambos organismos,
acompañados de señalamientos e intereses, posturas ideológicas y reclamos
políticos, estaban siendo el caldo de cultivo para un nuevo ciclo de
enfrentamientos que se volvería un hábito en la unidad académica.
La
falta de consensos, las contradicciones, los bloqueos y las inculpaciones
llevarían a que, a finales de julio de 1975, renunciara en pleno, el primer
Consejo de Facultad y que, en el primer Congreso de Evaluación, resaltaran las
diferencias y no se obtuvieran los resultados esperados para la realimentación de
la reestructura.
El terremoto de febrero de
1976 ofreció una coyuntura para retomar el proceso. Permitió la integración de
toda la Facultad para responder a la tragedia.Parecía que facilitaría encontrar el camino e integrar esfuerzos por
medio del Plan de Integración Académica. Se consideraba una gran oportunidad
para experimentar una verdadera transformación, permitir a los profesores y
estudiantes un mayor acercamiento con la población y poner en práctica las
ideas sobre el papel social de la Universidad.
Pero el apoyo que la
Universidad estaba dando a las comunidades afectadas, así como la visión
crítica y de concientización social, llevaría a que sectores contrainsurgentes
la etiquetaran como promotora de la lucha revolucionaria. Las denuncias y
amenazas relacionadas con el activismo y organización social durante el
terremoto harían aflorar las diferencias y temores según las posiciones
políticas que se perfilaban al interior de la Facultad.
En este panorama el plan de
integración se convirtió en el detonante para una nueva confrontación. Las
diferencias sobre la forma de enfrentar la crisis había sido el rebalse para el
rompimiento entre el Decano y los principales actores que lo llevaron a ocupar
el cargo. Las secuelas y pugnas conducirían a desencadenar una serie de hechos
que reducirían la acción impulsora del proceso de reestructura.
1976 dejaría una grieta
profunda. No sólo por el sismo, también por la serie de sucesos que sellaron el
derrotero académico administrativo de arquitectura.La percepción de falta de respaldo de la
Junta Directiva hacia el Plan de integración hizo que el bloque se sintiera
traicionado.No sólo retiraría su apoyo,
también denunciaría al Decano y a algunos miembros de su Junta Directiva.
Seguidamente renunciaría un
importante sector de la dirección académica que había perseguido la continuidad
del proceso.Quienes antes habían sido indiscutibles
aliados del Decano dejarían el barco como protesta y muestra de su indignación
por lo que señalaban como falta de compromiso de esa gestión.
Pero
las afrentas no serían olvidadas. Paradójicamente la cuestionable estrategia de
la purga, que había sido usada años atrás para deshacerse de quienes no
apoyaban el CRA, se replicaría a los ahora antiguos aliados, la mayoría
estudiantes de los últimos años que ejercían docencia.
La complejidad de la
problemática facultativa había llegado a un punto en el que no se identificaban
caminos viables para continuar con el modelo. Hubo que reconocer que el modelo
no evolucionó como se esperaba, aceptar que parte de eso se debía a la falta de
experiencia y a la falta de acciones congruentes de las autoridades. A la
postre, la percepción era que la anhelada implementación de la reestructuración
de Arquitectura no había podido generar la transformación académica y que
tampoco había alcanzado el cambio estructural tan defendido en los inicios del
proceso.
Una opción de consenso y
recuperación, que buscaría enderezar el rumbo, llegaría a principios de abril
de 1979. Con el nuevo Decano, que fue uno de los principales estrategas del CRA,
se pretendía corregir las deficiencias sufridas durante el proceso de
transformación. Pero llegaba en un momento en que se incrementaba la
persecución y el asesinato de líderes estudiantiles, profesionales e
intelectuales de los movimientos sociales.
Las acciones violentas como el linchamiento de un
supuesto oreja frente a la ciudad Universitaria, los asesinatos y la persecución,
alcanzarían su clímax fatídico el 14 de
julio de 1980. Esta fecha fue el punto de quiebre. El terror haría mella. El
sacrificio de inocentes no podía continuar y comenzaría un proceso de revisión
institucional.
La Universidad estaba herida y exhausta.El movimiento de izquierda, que había
dominado en los últimos años, perdería el control político del CSU. Los pocos
líderes que todavía se oponían abiertamente al gobierno saldrían del escenario
y se terminaría de socavar la poca resistencia que quedaba. En un panorama de
desánimo, la Universidad suspendería su participación en el movimiento social y
se deslindaría, totalmente, de la acción política revolucionaria.
La Facultad
de Arquitectura también había sido atacada. Varios de sus integrantes fueron
asesinados y muchos amenazados. Las intimidaciones habían alterado la calma y
se confinaba la participación fluida de la academia. Algunos coordinadores y
docentes renunciaron a sus cargos, varios pidieron permiso, otros más se
ausentarían de sus labores. Numerosos estudiantes abandonaron las aulas o
cambiarían de Universidad.La situación
de tensión y angustia amplificaba las diferencias y se expresaban nuevos
altercados a lo interno. El ambiente de inestabilidad e incertidumbre llevaría
al pánico, a la ausencia, a las protestas y a las renuncias.
Para ese
momento el Decano de Arquitectura sostenía que era preciso imponer por la
fuerza del pueblo, un gobierno revolucionario. Que estaba cercana la
posibilidad de derrocar al gobierno militar y que, para revertir la catástrofe
total, los universitarios debían salir de las aulas y fundirse con el pueblo
organizado y combativo.Haría
un último llamado para que se asumiera el compromiso de lucha, pero no tuvo la
respuesta que esperaba y dejó la universidad.
La guerra
interna se recrudecería en los siguientes años. Las intervenciones de
universitarios se darían sin el apoyo institucional y serían igualmente
reprimidas. Seguirían los secuestros, los asesinatos y las desapariciones de
universitarios.La Universidad sufriría
cambios radicales y se generarían otros enfrentamientos a partir de nuevos
modelos de confrontación.
En los
inicios de los años 80, la Facultad de Arquitectura había terminado un capítulo
que comenzó a principios de los 70.
50 años
después del inicio de este histórico movimiento, corroboramos que,
indiscutiblemente, el CRA llevó a la transformación de la Facultad de
Arquitectura. Una Escuela que ha seguido evolucionando y adaptándose a
distintas realidades y que mantiene principios impulsados durante ese período totalmente
coherentes con los fines de la Universidad Nacional.
Entre tanto, en la distopía de
un mundo pos pandémico, que padece las repercusiones de una guerra que ha
desdibujado el mapa geopolítico y que amenaza con una escalada bélica entre el
agobio de caóticas realidades; en el que se mantienen de manera creciente
múltiples problemas socio económicos y una crisis climática con severos
impactos en el planeta;
seguimos viendo que en
Guatemala se intensifican los problemas de pobreza, de vivienda, de falta de
planificación y de desorden urbano que se plantearon hace medio siglo en los diagnósticos
del CRA.
Y en ese devenir nos vemos
inmersos en una universidad afectada por problemas políticos, administrativos y
académicos, que han trastocado las fibras de la institución ante la
transgresión de sus fundamentos legales y éticos, de una manera que no
corresponde con los valores que, a través de la historia, se han ido
construyendo.
Estamos ante un régimen
universitario deslegitimado e impuesto con acciones inéditas e irreflexivas,
que ha afectado y ensombrecido a los universitarios y nos condena a una
incertidumbre institucional.
Ante esta deleznable
realidad, nos seguimos cuestionando, ¿hacia dónde va nuestra Universidad, hacia
dónde va Guatemala?
Muchas gracias
Byron Rabe
Guatemala, Auditorio Luis Cardoza y Aragón,
Embajada de México,
He
planteado esta disertación como un cuento, una narración que, para fines
ilustrativos, incluye situaciones extremas, que no deben generalizarse y que en
su mayoría podrían afectar a otras latitudes, pero cuya realidad podría
alcanzarnos. La cultura global tiende a influirnos y sus causas y efectos
necesitan atenderse en diferentes espacios de reflexión para buscar el entendimiento
en un medio cada vez más polarizado.
Estamos
pasando de la utópica racionalidad de la modernidad a una advertencia distópica
propia de la posmodernidad. La utopía buscaba una felicidad universal un
paraíso inexistente que hemos visto que no tuvo cabida en la realidad ansiada
en la modernidad; en tanto que, la distopía posmoderna presenta seductoras
voces de alerta ante un futuro decadente y apocalíptico.
Byron Rabe
Eso
a nosotros no nos alcanzará. No, a nosotros, nunca.
La
posmodernidad llegaría para cuestionar la cordura reinante de la modernidad, y aunque
partiría de nociones sueltas, sin un discurso homogéneo, en el camino iría
sumando ideas y perspectivas diversas que, alimentadas por la complejidad,
llevarían irremediablemente al caos que agitaba una época de cambio e inclusión
de nuevos valores y visiones.
Conforme
se fue apagando el aguerrido siglo XX y prendiendo el incierto siglo XXI, más se
derrumbaba la modernidad. No sólo en lo que ya se consideraba como una obtusa
racionalidad plagada de preceptos reduccionistas y enfocadas en lo cuantitativo
de la ciencia; también en la visión funcional del diseño que debía adaptarse a
nuevas realidades, tecnologías, conservación del ambiente y variaciones éticas
y estéticas. Pero algo más estaba cambiando. Poco a poco se iba disminuyendo la
influencia de los valores tradicionales que habían regido al mundo occidental varios
siglos.
Durante
un indefinido período que se fue haciendo visible después de la segunda guerra,
se había mantenido un traslape de visiones que todavía no terminaba de
precisarse. La influencia de la posmodernidad se observaba en la estética, que ahora
valoraba el gusto popular y que dejó de seguir, necesariamente, las pautas de
belleza prestablecidas por la cultura dominante; se notaba en la activa presencia
de quienes abogaban por sus derechos; en un progresivo despertar de respeto y
valoración de las diferencias; en las manifestaciones de pluralidad en un mundo
que había sido controlado por pocos y en el que parecía, que por fin, participaban
las minorías que poseían características y pensamientos diferentes.
Se
ofrecía mejorar el rígido modelo de la modernidad que había sido demarcado por
un progreso normativo y lineal que, para muchos no había funcionado. En la
posmodernidad se fueron haciendo avances en el respeto a la pluralidad, la multiplicidad,
las contradicciones y la simultaneidad de ideas y valores. Se habían abierto oportunidades
para alcanzar una libertad, antes no experimentada, que llevaría a romper las tradiciones
culturales y sociales.
Los
poderes económicos, siempre atentos, aprovecharían la apertura y promoverían estrategias
menos enfocadas en las necesidades, la racionalidad o la funcionalidad como se
había hecho en la modernidad. Ahora responderían a los deseos, a los gustos o a
lo trivial, propio de la realidad que se estaba viviendo.
Se
asomaban múltiples oportunidades de negocios en un mercado global y totalitario
que diseñaría estrategias para promover el consumo sin culpas, que satisficiera
el ahora, en congruencia con la idea de muchos jóvenes que asumían que,
ante la incertidumbre, lo mejor era vivir el momento y priorizar la diversión.
En
el mundo se comenzaría a superar la culpabilidad por rechazar los valores
tradicionales. Pronto se irían sumando más personas y grupos a una discutida
cultura de todo se vale. Se afectarían las pautas del comportamiento social,
la moral, la religión y los valores familiares. Se iría disminuyendo la
importancia de la familia funcional que hasta hacía poco había sido la base de
la sociedad.
Entre
todos estos progresivos y encontrados cambios se iría robusteciendo el concepto
de lo efímero, en el que todo tendía a ser desechable incluso la amistad y las
parejas. Muchos jóvenes dejarían de pensar en el matrimonio. Tener descendencia
pasaría a formar parte de un futuro impreciso, quizás inviable. Un proyecto
futuro podría desmotivar un placentero presente.
El
placer ocuparía un lugar especial en un ahora sin culpas, sin lazos y sin
obligaciones. Se variarían notablemente los comportamientos sexuales desde
temprana edad. Se separaría el sexo del amor, el hedonismo llegaría a nuevos
niveles llevando al absoluto de que la vida era el placer del instante.
Se
observaba un creciente interés por el culto al cuerpo, se favorecerían el
ejercicio y la vida sana. Para algunos, mas que para vivir, era para presumir
en un ámbito cada vez más narcisista. Los deseos de ser más bellos se
facilitaban con los nuevos y amplios estándares estéticos. El deseo de figurar, de ser más reconocidos, de
lograr más likes en las redes, podían llevar a modificaciones físicas, a
exposiciones mediáticas controvertidas, que peligrosamente influían en algunas
jóvenes mentes que bien podrían preferir sustituir el baile de la adolescencia
o un viaje de graduación por cirugías estéticas.
En
la escuela ya no se reprendía al niño, ahora los padres reprendían al maestro y
se generaba una lucha entre lo que se debía enseñar en la escuela y los valores
que deberían surgir en la familia. La separación entre la niñez y el adulto comenzó
a hacerse imperceptible en algunos temas, se descuidó la infancia y se estaban
construyendo niños sin niñez, retraídos en sus dispositivos electrónicos, niños
adultos educados para el consumo, con influencia directa de los medios de
comunicación masiva que promovían la subjetividad del consumidor. Se estaban
creando nuevas realidades en las que el niño decidía e influía sobre los padres
que evitaban esfuerzos que no encajaran con el nuevo mundo y estimulaban comportamientos
que contradecían lo que la modernidad establecía como propio de las primeras
edades.
En
el plano estético, al igual que el Dadaísmo, (que algunos consideran el
verdadero inicio de la posmodernidad), se propiciaría lo absurdo, lo chusco y lo
irracional. Se verían curiosos desfiles
de modas extravagantes que transgredían los patrones clásicos del buen gusto
promovido por la modernidad. Alguien podía sentirse a la moda con ropa
rota, o al mostrar los calzoncillos o las tangas saliendo del pantalón, incluso
podía sentirse chic con una silla en la cabeza. El traje con corbata pasaría
a ser parte de la historia de la moda para muchas juventudes.
Había
quienes irían más allá del vestuario y buscarían una identidad irreverente,
algunos enhebrando un aro en la nariz, aguzando las orejas o hinchándose los
labios.No
faltarían los que afectaran su propia naturaleza corporal insertando implantes,
que iban desde nalgas y pechos, hasta cachos. Otros mutilarían distintas partes
del cuerpo para generar una estética distinta por no decir monstruosa. Algunos,
menos destructivos saturarían el cuerpo de tatuajes o simplemente usarían
piercings en diversos y sugerentes lugares del cuerpo.
Entre
tantas contradicciones socio culturales la posmodernidad avanzaba con criterios
difusos y sin límites. Daba la oportunidad de manejar el diseño y cualquier
expresión cultural de la manera que se antojara, era posible que una ocurrencia
se volviera una tendencia que sería aprovechada para promover el consumo.
El
criterio de todo vale se había hecho presente en la publicidad, en la
música, en destructivas protestas, hasta en la explotación sexual forzada o
complaciente.Incluso en algunos
contextos llegó a considerarse habitual y aceptable la práctica del sugar
daddy y la sugar mammy.
El clásico modelo de la sexualidad
dominante pasaría a la historia. Lo masculino y femenino no era lo mismo que
hombre y mujer, surgirían diversos géneros que se irían consolidando en el
espectro de la sexualidad. Una aplicación de citas en red conocida como la más popular del
mundo, para evitar
confusiones y discrepancias, identificó a más de 25 clasificaciones de
identidades de género con las que se podía ligar o experimentar, de
acuerdo con las preferencias.
Varios personajes haciendo muestra de su
coherencia con los nuevos valores de inclusión sexual, informaron que habían
hecho eco de los pedidos de sus pequeños hijos para iniciarles un cambio de
género. Mientras tanto se abrían
posibilidades para que un creciente número de niños y preadolescentes, que creían
estar atrapados en el cuerpo equivocado, pudieran recibir tratamiento como
parte de programas para cambiar de sexo.
Fue
notoria la creciente demanda de videojuegos diseñados para niños y jóvenes. Algunos
daban nuevas herramientas para el desarrollo de habilidades propios de la
juventud de la época, pero otros, podían generar adicción, propiciar la violencia
dentro de un mundo virtual en el que podían matar personas o animales sin culpa
alguna, habituarse al concepto de las drogas o experimentar comportamientos
criminales y el irrespeto a las autoridades. En casos extremos podía promoverse
la explotación sexual, la violencia hacia la mujer, así como familiarizarse con
estereotipos raciales y sexuales, además de utilizar palabras indecentes y proferir
obscenidades ya comunes en la nueva realidad.
De
similar manera, se hacían cada vez más populares entre jóvenes y adolescentes,
canciones de géneros urbanos, con explícitos mensajes sobre violencia, sexo y
drogadicción que hacían que los artistas fueran venerados por la juventud.Eran pegajosas manifestaciones musicales, muchas
veces carentes de valores de contenido melódico y conceptual, que además tenían
como principal aporte cultural contradecir los valores tradicionales, mostraban
conductas misóginas que despreciaban a la mujer y utilizaban lenguajes y
movimientos corporales antes impensables de mostrar en ningún medio.
El
auge de las redes sociales brindaría nuevas oportunidades para el aprendizaje y
el teletrabajo, para obtener información en tiempo real y descubrir otras
culturas y comportamientos y abrir posibilidades antes no imaginadas. El internet se convertiría en parte del
individuo, el acceso a la información y una realidad aumentada nunca soñada se
haría más que presente y surgiría un nuevo concepto de metaverso que
iría de la realidad virtual a una realidad paralela y cambiaría
nuevamente la forma de pensar, de comportarse y de comprar.
En
el maremágnum posmoderno, la era digital también permearía los hogares y la
psicología de los grupos e individuos. La invasión de redes sociales haría
surgir personajes como los blogueros, los influencer, los netcenter,
los tiktokers y de otras denominaciones, así como, muchas nuevas
aplicaciones.Algunos blogueros fueron
marcando presencia en las redes con un objetivo inicial que pudo ser informar o
entretener. Los influencer, en algunas oportunidades sin criterios o
experiencias previas, pero con mucha popularidad, a veces generada por el
atractivo sexual, la casualidad, una broma inicial o una marcada diferencia,
tendrían una destacada participación en alguna o varias ramas y expresaban
opiniones sobre temas concretos para ejercer influencia y ser más reconocidos
entre los internautas.Pronto los
aprovecharían para atraer o inspirar un producto, servicio o marca.
Pero
las animadversiones, las envidias, los odios, las luchas sectarias o el simple
deseo de arruinar la imagen de los otros, también se haría presente en las
redes sociales. En el marco de un anonimato total o parcial, al no tener que
enfrentar físicamente al interlocutor, se propició una cultura de resentimiento
y cizaña que se haría cada vez más intensa.
Surgió
el negocio de la manipulación virtual a cargo de los netcenters y otros
personajes o grupos. Esta práctica evolucionó desde el fanatismo social o
político hasta el desarrollo de negocios rentables. Se concibió el término de sicarios
digitales, encargados de destruir a grupos o personas por medio de las
redes. Todo sería utilizado para el negocio y la política en la posmodernidad.
A
lo largo de este proceso se hizo mas notorio y criticado que había actores
invisibilizados y discriminados. El nuevo contexto permitió y propició los
reclamos y nuevas luchas para lograr mayor presencia y reconocimiento en la
sociedad.
La
opresión y discriminación a la que estos sectores habían estado sujetos generó
protestas y reivindicaciones. Algunas de estas luchas se saldrían del marco normativo
y de los valores que había establecido la modernidad y llevarían a un nuevo
modelo de enfrentamientos.
La era de la posmodernidad alcanzaría un
nuevo nivel en la segunda década del siglo XXI con el desarrollo de la cultura
Woke o wokismo surgida en los Estados Unidos.Este movimiento inicialmente buscaba responder
a las injusticias y desigualdades, empezó con el tema racial, fue incorporando la ideología de género y posteriormente
cuestionaría la civilización occidental de base cristiana.
Se mostraría como una rebelión contra la
opresión, el racismo y la discriminación, pero pronto endurecería las
posiciones identitarias a nivel étnico, sexual, religioso y cultural. Tomaría
un sendero ideológico totalitario de izquierda para exigir una justicia de
corte vengativo que daría nuevos elementos para generar reacciones de la
derecha extrema.
Ante
su crecimiento e impacto, el wokismo se iría radicalizando, se haría impermeable a la crítica, daría la espalda a los
hechos y descartaría el diálogo rechazando razones y datos. Se convertiría en un movimiento dogmático que no admitía cuestionamientos, pero que se apropiaría del
derecho de censurar y anular todo lo relacionado con la historia o la cultura
que le pareciera ofensivo, que pronto llevaría al fortalecimiento de la cultura
de la cancelación.
Con
esta nueva cultura se boicotearía la libertad de expresión, ya no se pondría
énfasis en lo común sino en las diferencias, se buscaría fragmentar y dividir a
la sociedad. Se promovería
el revisionismo histórico, no con el objeto de aclarar los hechos sino de
generar odios y revanchismos atemporales. También se exigiría revisar el
lenguaje, volverlo inclusivo y eliminar insinuaciones raciales o de género. Se propiciaría
la ira, la cólera fanática, se exhortaría a derrumbar estatuas, personajes
históricos y símbolos de la modernidad.
Se
castigaría severamente cualquier publicación, comentario o postura que no convergiera
con el movimiento. Cancelar
a una persona significaba invalidar no sólo sus opiniones, también tratar de
anular su existencia, de arruinarle la vida social, profesional y laboral.
Se había creado un movimiento sin estructura definida,
sin dirigentes identificados que se convertiría en acusador, juez y verdugo, que
descartaba el derecho de defensa de los acusados y desahuciaba la duda
razonable, que aplicaría diversos niveles decrueldad desatendiendo la disculpa o el perdón.
Se convertiría el revanchismo social como un medio
de catarsis y atracción de adeptos, de purga para un sistema considerado
obsoleto. Había surgido un nuevo autoritarismo colectivo, un monstruo sin
cabeza que intimidaba y generaba miedo a opinar.
Se verían múltiples ejemplos propios de
la cultura de la cancelación, la
vandalización de monumentos, el derribo de estatuas, la cancelación de obras
cinematográficas y literarias, el ataque a profesores que no apoyaron la nueva
corrección política. Se
presionaría a organizaciones a despedir personas por sus comentarios, se lincharía
en las redes sociales a cómicos, periodistas, profesores universitarios y
artistas cuyas observaciones no encajaran con el wokismo.La ira identitaria ya no se manifestaba con
antorchas sino con el uso de los medios electrónicos, que tenían mucho mayor
alcance. En fin, se estaba erigiendo un
nuevo fascismo intelectual y social
contra la libertad de expresión.
La
situación sería presa del linchamiento de un personaje animado de mediados del
siglo XX, Pepe Le Pew, debido a que algunas personas veían conductas que
podrían ser nocivas para los niños de la sociedad actual. O Speedy González por
promover estereotipos raciales. También personajes como el Grinch, el Lorax y
el Gato con sombrero, y otros que deberían descartarse porque contaban
historias racistas o machistas.
Con
una visión contraria se promovían personajes con nuevos valores como la
marioneta Gonzo, un famoso personaje de un programa infantil mundialmente
conocido, que había aceptado públicamente su homosexualidad. Se observaría
también que en diversas series animadas para niños se incluía a personajes
pertenecientes a la comunidad LGBT.
En
medio de este nuevo escenario, al mismo tiempo que se impulsaba un discurso de
integración global para derribar las fronteras, también se promovía el resentimiento
racial y el separatismo territorial y cultural como una aparente respuesta a
siglos de dominación y opresión.
Durante
el desarrollo de la posmodernidad se había respaldado la idea de que nadie podía
decidir sobre los valores de los demás, pero ahora se estaba viendo que esto
aplicaba, siempre y cuando, correspondieran a los referentes mediáticos de los
nuevos controladores políticos y sociales. Ya no se trataba sólo de que se
respetaran y aceptaran las diferencias, ahora había que imponerlas y modificar
los valores e ideas que otros tenían, como ha pasado tantas veces en la
historia.
Parecía
que volvíamos a lo mismo. Como en el pasado, los criterios no aplicaban a todos
por igual y los valores serían aceptados, incluso impulsados, según el beneficio
que propiciara o los aportes que hicieran a las ideologías emergentes o
dominantes.
En
un nuevo modelo que inicialmente propiciaba la tolerancia se fue acomodando la
intolerancia. En las redes resaltaba el odio, la ofensa, las realidades a
medias, la construcción de mentiras, las teorías de conspiración, las fake news
o noticias falsas y la alteración de la verdad.
Con
la cultura de la cancelación se irían acallando los pensamientos divergentes.
Las pocas voces que se atrevía a disentir serían identificadas y perseguidas
por los netsicarios quienes encendían el odio contra ellos y los
señalaban como indeseables, parias y hasta vergüenza de la humanidad.Pronto se daría un aparente silencio de la
reflexión intelectual en las redes sociales, las discusiones inteligentes se
reducirían o se harían en planos más privados, no sujetos a comentarios de odio
y resentimiento.
La famosa Paradoja de la tolerancia planteada
por Popper que se resume que: En nombre de
la tolerancia debíamos reclamar el derecho a no tolerar la intolerancia,fue ignorada.
La
violencia verbal, emocional y psicológica sería aceptada como parte de la nueva
realidad. Los nuevos marcos legales no accionaban
por temor a contrariar el derecho de la libre expresión y los derechos humanos
de los ofensores.
Entre
tanto, parecía hacerse realidad la predicción, que algunos atribuyen a Dostoyevsky: la tolerancia llegará a tal nivel que las personas
inteligentes tendrán prohibido pensar para no ofender a los imbéciles.
El
desánimo y el desinterés, así como el temor a los linchamientos mediáticos,
marcaría la ausencia de la crítica. La
reflexión trascendente, si se atrevía a aparecer, sería blanco de feroces e
irracionales ataques, en nombre de la tolerancia.
Modernidad
y posmodernidad, un espejismo o una realidad humana. Había quienes añoraban las
normativas y valores de antaño. Los detallados planos acompañados de precisas
instrucciones que venían con la racional y taxonómica modernidad fueron
sustituidos por los esbozos laberínticos de una posmodernidad indefinida, que
podían llevar a cualquier parte, o a ninguna. Un futuro que inicialmente se
había percibido promisorio se hacía cada vez más incierto y conflictivo.
La
humanidad se encontraba prisionera en el carrusel de la posmodernidad, cuyos
caballitos cabalgaban desbocadamente en desfigurados círculos extensibles, en
un siglo de desequilibrada tolerancia que chocaba repetidamente con el azar, ante
un caos que podía llevar a la destrucción de la estructura social que se había
conocido.
Los
cambios de posición entre los actores mostrarían la naturaleza humana que
volvía a repetirse, el oprimido sería manipulado para convertirse en un
destructivo e irreflexivo opresor. Se acrecentaría el odio entre los extremos
políticos y cada grupo parecía ir asumiendo posturas de ira y rencor, en tanto
que las visiones moderadas se hacían menos audibles.
Entre
tanto, los verdaderos poseedores del poder económico y político seguían
observando los acontecimientos, moviendo los hilos y tejiendo redes para
adaptarse y sacar ventaja de las nuevas realidades. Byung-Chul Han afirmaría que todo se convertía en mercancía,
hasta las realidades inmateriales como el amor, la amistad y la pereza.
Ante
un creciente fanatismo y conflicto de valores, una nueva decepción estaba cubriendo
al mundo. Además de las aumentadas diferencias económicas se estaban ampliando
las distinciones socioculturales, se creaba más violencia e irrespeto dentro de
los individuos, las familias, los grupos sociales y hasta entre los gobiernos
que vieron caer los postulados clásicos de la diplomacia.
La
nueva realidad traía los riesgos de la asimetría moral de una progresiva
cultura que estaba rompiendo con todos los patrones conocidos. Los extremos se
estaban haciendo grotescos y de manera evidente promovían el odio. La libertad
se estaba desparramando por los límites del sentido común.
Una
complejidad desoladora, intensificada por una agresiva pandemia, frustraba las inciertas
redes de sueños y deseos en un tiempo y espacio incomprensibles.Las personas se estaban quedando solas dentro
de una multitud de likes, en espejismos momentáneos, sin trascendencia;
en conflictos de identidad imbuidos en un metaverso con una realidad paralela,
en medio de un escenario que amenazaba con una nueva y fundamentalista religión
de odio, respaldada por una caza de brujas virtual que perseguía a los herejes
y que se desvinculaba de lo verdaderamente importante.
Los
logros alcanzados habían brindado esperanza. Los aportes positivos no podían
perderse. Para mantenerlos se hacía necesario personas valientes, pero también sensatas
que fueran capaces de revisar y fortalecer los valores sociales, familiares e
individuales dentro de los cambios que eran ya parte del presente y lo serían también
en el futuro.
Si
se quería subsistir había que reflexionar sobre los criterios mínimos para la
convivencia, revisar los parámetros para impedir caer en una vorágine social totalitaria
que podría llevar a la destrucción de lo que somos o deberíamos ser: Seres
humanos conscientes de un mundo materialista, permanentemente manipulado y
crecientemente conflictivo. Que demanda
enfrentar serias amenazas climáticas, políticas, económicas y sociales, y debiera
favorecer la satisfacción emocional, sicológica y física de sus habitantes.
Si algo había impulsado la posmodernidad, dentro de
la agobiante complejidad y el caos, era la flexibilidad.Se mantenían las oportunidades para
deconstruir los procesos por medio de visiones creativas que buscaran la
satisfacción del alma y del cuerpo, y promovieran el bienestar social e individual.
Sin
duda la humanidad seguiría evolucionando dentro de una realidad en que lo único
certero era el cambio, pero no se daría por vencida.En una distópica
posmodernidad todo esto sonará a utopía. Pero como respondió Eduardo Galeano
cuando le preguntaron:¿Para que sirve
la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Federico García Lorca había expresado hacía casi un
siglo: El más terrible de los sentimientos es el de tener la esperanza
perdida.