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viernes, 29 de abril de 2022

Una universidad a la deriva


La USAC está metida en un tremendo embrollo lleno de intrigas, dimes y diretes, en el que cualquiera que llegue, tendrá una victoria a medias y la universidad será la perdedora.

Por informaciones de miembros del Consejo me he enterado de que se rechazaron varias impugnaciones por errores de redacción, lo que hace reflexionar sobre las prioridades que se está dando a los procesos legales.

Es muy sospechoso que se hayan anulado los procesos de elección de siete cuerpos electorales. Y es aquí donde entran varias preguntas adicionales, ¿la anulación de estos procesos realmente obedece a criterios legales o son únicamente reacciones a intereses políticos para favorecer a un candidato? Señalo esto, porque según entiendo, para algunos casos, sí existen elementos legales que considerar, por ejemplo, la norma es muy clara: para realizar una elección la junta directiva de la facultad debe tener un quórum mínimo, si esto no se cumple, simple y sencillamente la elección no es válida. Ha sido así desde que la norma existe y es suficiente motivo para anular el proceso eleccionario. Tratar de doblar una norma instituida, también es cuestionable, pero habría que establecer si es este realmente el caso o sólo es lo que se ha hecho creer.

Por otra parte, ¿qué pasó con las elecciones de los cuerpos profesionales? ¿Por qué no se resolvieron a tiempo varios procesos eleccionarios de los colegios? ¿Es verdad que cinco colegios no pudieron completar el trámite o hay algo mas que no se ha dicho?

El asunto central es que las crecientes protestas impidieron que las elecciones se realizaran el 27 de abril. Estamos en una incertidumbre total. En un compás de espera, pero también, en un momento que presenta nuevas perspectivas. Un lapso que debería incitarnos a reflexionar sobre lo que es más conveniente para nuestra universidad.

Y es que debemos estar conscientes de que hemos entrado en un proceso de confrontación desmedido. Los dos candidatos con mayores posibilidades son de extremos políticos, de procedencias diferentes y características distintas. Las motivaciones que los llevaron a participar son coyunturales o desconocidas. Si cualquiera de los dos es electo va a generar un mayor distanciamiento entre los universitarios y una pugna permanente, que ya no necesitamos en nuestra universidad, que puede seguir empantanada por los bloques de resistencia que seguramente se generarán.

Quizás como una muestra de madurez política e identidad hacia la USAC, los candidatos deberían renunciar y mostrar su sensatez y buena fe. Esto permitiría formular perfiles académicos para posibles candidatos. Son los cuerpos electorales los que ahora tienen el poder de retomar la dirección de la universidad.

Por eso considero que se ha abierto una oportunidad que no teníamos hace tres días y esto incluye las revisiones objetivas de los siete cuerpos que fueron aislados del proceso. Es momento de retomar el camino, de revisar nuestras posibilidades y buscar candidatos de consenso con mayores posibilidades de salir airosos en una gestión rectoral.

Sé que no es fácil, que depende de los valores y la voluntad política de los electores. Pero ahora podrían definir un perfil para el cargo de rector y buscar nuevas opciones. Para ello se necesita alejarse de actitudes confrontativas, intereses individuales o sectarios y superar las posturas dogmáticas. Solo así se podrán propiciar acciones conciliatorias que busquen un candidato que llene los criterios académicos, administrativos y políticos que la universidad de hoy necesita.

Entre los universitarios hay personas de altos kilates que se han separado de la política universitaria por las razones que han originado la crisis que hoy abordamos, pero que, podrían ayudarnos a resolver el dilema en el que la universidad se encuentra y plantear un plan integral participativo de desarrollo, que conduzca a un compromiso para alcanzar la ansiada pero interrumpida reforma universitaria.


Cuadro en proceso de revisión

 


lunes, 24 de enero de 2022

El cine guatemalteco en los inicios del siglo XXI

El Siglo XXI trajo nuevos brillos a la producción audiovisual nacional.  Según Roberto Díaz Gomar : “…fue en 2001 cuando se empezó a ver la nueva producción, y fue Sergio Valdez quien rompió el hielo con “Discurso contra el olvido”, en donde, por primera vez, se habló de un momento de ficción y ya no se estaba metido puramente en el documental. Luego llegó Poporopos, que fue un corto de ficción.  En el mismo año vino Luis Urrutia con “Días Mejores”, que fue un tema de ficción con un corte cercano a la telenovela, pero de manera mucho más agresiva, porque refleja una realidad mucho más violenta.” En el 2001 se realizó también Evidencia Invisible de Alejandro Castillo y en el 2003 Por cobrar de Luis Argueta.

En el 2003 se realizó “Lo que soñó Sebastián” de Rodrigo Rey Rosa, un largometraje que fue filmado en Petén. Sobre esta película Roberto Díaz señala: “En esa oportunidad nos trasladamos al Petén, junto a un equipo, y la película se rodó en aproximadamente 45 días.  Este es el primer filme de este siglo que se puede considerar como largometraje, pero desafortunadamente sólo se proyectó una vez para el público”.

En el 2003 también se realizó el primer Encuentro Iberoamericano de Cine y Televisión, organizado por la Dirección General de Extensión Universitaria de la Universidad de San Carlos de Guatemala –USAC- con la participación de cineastas, productores y académicos provenientes de toda Iberoamérica.  En este evento, además de presentar los últimos trabajos del cine local e iberoamericano y discutir la temática con expertos provenientes de la región, se comenzó a gestar un nuevo movimiento para organizar a las personas involucradas en el cine nacional y se firmó una carta de intención para aglutinar al gremio, para lo cual se formó una comisión que le daría seguimiento y que lograría avanzar, con una propuesta base de estructura para una asociación de cineastas, que no logró consolidarse  en ese momento. 

En el 2004 se presentó “La Casa de enfrente” que fue rodada en su mayor parte en la capital. La película se exhibió simultáneamente con producciones extranjeras comerciales como “La Ultima Tentación de Cristo” pero aún así logró más de 12,000 espectadores en su primera semana de exhibición en las salas de cine nacional. En el 2004 también se produjo “La misteriosa herencia”,  Manzana güena en noche güena” de Moralejas films y “El hombre iguana” de Rafael Echeverría.

En el 2005 se realizaron dos producciones que hicieron mella en el público local e internacional, una de ellas “Donde acaban los caminos” basada en la Novela de Mario Monteforte Toledo.  La otra producción de corte más comercial fue “Detectives por herror” de producciones Moralejas que tuvo un interesante movimiento en la taquilla nacional.

Entre el 2003 y el 2005 en el país se produjeron cortometrajes y documentales que estimulaban la participación local y abrían posibilidades a muchos actores y técnicos interesados en participar en el séptimo arte. 

En el 2005 se realizó el Segundo Encuentro Iberoamericano de Cine y Televisión con amplia participación local e internacional. Los participantes pudieron establecer relaciones con productores, directores y técnicos de otros países. En ese evento se confirmaría el gran interés que se tenía sobre el tema, en la región.  Además, durante varios años se había realizado el Festival Ícaro en el que se había tenido una creciente participación y se había dado a conocer diferentes producciones de la región centroamericana.

Se formó también el Club De Guionistas Cinematográficos de Guatemala -CGCG-, en donde se han ido compartiendo experiencias y conociendo guiones como “La Paciente” de Rodolfo Espinosa que fue galardonada con seis premios en el X Festival Ícaro, “Felonía” de Méndel Samayoa, que estaba en trámites para lograr su realización, y una respetable cantidad de guiones que estaban disponibles para filmar a nivel de cortos y largo metrajes, y algunos para series de televisión.

En el 2006 se produjo “Las Cruces” de Rafael Rossal que fue premiada a nivel internacional y “Las Estrellas de la Línea” de Chema Rodríguez; en el 2007 se presentó “VIP:  La otra casa” de Elías Jiménez.

A finales de noviembre del 2006 el Ministerio de Cultura y Deportes propició la consolidación de esfuerzos por agremiar al sector, prestando asesoría legal, disposición de espacios y proporcionando recursos para encuentros de los integrantes del sector.  El apoyo del Ministerio fue fundamental para la creación de una asociación de personas involucradas con el sector audiovisual y cinematográfico que se lograría meses después.

En el 2007 se presentó “Seis Semanas de ilusiones” de Guatefilms, se proyectó exitosamente un largometraje de corte comercial llamado “Un Presidente de a sombrero” de Producciones Moralejas y, en el Festival de San Sebastián, se premió “Gasolina” de Julio Hernández.

Pero otro hecho relevante y de gran trascendencia histórica para el medio fue que, en el 2007, se constituyó oficialmente la Asociación Guatemalteca del Audiovisual y la Cinematografía –AGAcine- que presentaría la iniciativa de Ley para el fomento del Audiovisual y la Cinematografía ante el Congreso de la República.  Adicionalmente en julio del 2008  la Guatemalan Film Commission (GFC) consolidaría la aceptación de la Guatemalan Film Commission como miembro de Association  Film Commissioners  Internacional (AFCI).

En relación con AGAcine, el 13 de Febrero de 2007 se realizó una importante reunión en el Palacio Nacional de la Cultura, en la que se trataron dos puntos relevantes: la elección de la Junta Directiva Provisional y los criterios para la firma del Acta Constitutiva y para la selección de socios fundadores.  Luego de una larga  y emotiva discusión sobre todas las implicaciones, que el proceso significaba para todo el grupo, se llegó al consenso de elegir entre los que se encontraban presentes.  Al final se acordó que cada uno de los asistentes emitiera tres votos (el primero con valor de tres puntos, el segundo con valor de dos puntos y el tercero con valor de un punto), esto con el fin de evidenciar el nivel de preferencia de los asistentes, ante los postulados.  La Junta Directiva provisional  quedó de la siguiente forma:
 

Cargo                           Nombre

Presidente                   Roberto Diaz Gomar

Vice Presidente           Giacomo Buonafina

Vocal I                          Byron Rabé

Vocal II                         Méndel Samayoa

Vocal III                       Alfonso Porres

Vocal IV                       Alejo Crisóstomo

Secretario                    Edgar Barillas

Tesorero                      Alberto Jiménez

 

La firma del acta constitutiva se postergaría hasta mayo ya que era requisito contar con la Junta Directiva y con los nombres de los socios fundadores, para la redacción correspondiente.  El criterio que se estableció para la firma del Acta constitutiva, fue que aquellas personas que participaron en las reuniones anteriores al martes 13 de febrero y que presentaran su papelería a tiempo, podrían firmar como socios fundadores.

 


Por fin, el  18 de mayo del 2007, treinta y cinco socios fundadores firman el acta de creación de AGAcine.  A partir de esta fecha se realizan una serie de actividades y procedimientos orientado a consolidar e inscribir legalmente a la asociación.  Posteriormente, la Junta Directiva de AGAcine, luego de ser reelecta y confirmada en asamblea, asumió el 13 de octubre del 2007 y dio inicio oficialmente la vida de AGAcine.   

La Junta directiva y las comisiones de trabajo dedicaron todos sus esfuerzos a un objetivo principal: el diseño de una propuesta de ley que le diera nuevos brillos a la industria cinematográfica nacional, que fue entregada al Congreso de la República pero que hasta el momento no fue conocida por el pleno.  Posteriormente, en octubre de 2009, asumiría una nueva Junta Directiva (que podría continuar con la historia).  

Byron Rabe 

miércoles, 27 de octubre de 2021

DÍA DEL ARTISTA NACIONAL

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A principios de los años cincuenta, un grupo de los más connotados artistas de la época realizaba semanalmente un programa radial en vivo desde diferentes escenarios de la República.  Los representativos artistas compartían su arte en cada departamento, pero el programa también era transmitido por onda corta a toda la República por TGW, la Radiodifusora Nacional. 

El 27 de octubre de 1951, luego de una presentación en la isla de Flores en Petén,

el avión se elevó desde la pista del aeropuerto de Santa Elena con rumbo a la Capital a donde nunca llegaría. Había pasado menos de dos minutos de haberse iniciado el vuelo, cuando el motor derecho de la nave comenzó a incendiarse. El avión se sacudió violentamente y en medio de un estruendoso suspiro, el fuselaje de acero se fundió al paisaje y jamás volvería a levantarse. Las representativas almas del inmortal arte de la eterna primavera seguirían su vuelo al infinito.

Según cuentan los restos del avión aún permanecen en el lugar donde cayó como memoria a los artistas que fueron parte de la mayor tragedia para el arte nacional.

Nos dejaron con el recuerdo de su inmortal arte, Paco Pérez, Salomón Argueta, Fidel Pérez de León, Lilly Andreu Spillari, Francisco Arrué, Víctor Alfaro Navas, Germán Bayer Santacoloma, Rafael Centeno, Francisco Monterroso, Héctor Flores, Florencio Juárez, Mario Lara Montealegre, Oscar Mondragón, Enrique Negreros, Mariano Prera, Manolo Rosales, Antonio Rubio, Luis Rivera y Julio Vásquez. También fallecieron los técnicos radiales: Roberto Aparicio y Casiano Castañeda; y los tripulantes: Enrique Pérez Guisasola, José A. Escobar y Enrique Meléndez. A esta tragedia sobrevivirían Antonio Almorza y Zoila Luz Estrada. 

El 13 de octubre de1981, 30 años después del triste accidente, el Congreso de la República emitió el decreto en el cual se declaró al 27 de octubre “Día del Artista nacional”.

A 70 años del fatal suceso recordamos a estos insustituibles artistas y anhelamos una mayor proyección a aquellos creadores que siguen compartiendo su arte para hacer una patria más humana y pacífica.

jueves, 2 de septiembre de 2021

La fundación de la Facultad de Arquitectura

Este documento es un segmento del Artículo "El inicio de la última Facultad de USAC" preparado para la Revista Avance de  la Facultad de Arquitectura y que también formará parte de la histoia de la Facultad, que se incluye en el primer volumen de "El contexto sociopolítico en la evolución curricular de la Facultad de Arquitectura".

Byron Rabe

Resumen

Durante más de seis décadas de existencia de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de San Carlos de Guatemala -USAC-, se han identificado varias etapas de evolución que han coincidido con los cambios de sus paradigmas curriculares: la primera comprende desde el inicio de la carrera arquitectura hasta el comienzo de una reestructura general, acaecida en 1972.  En este artículo se revisa la primera parte de esta etapa, que empieza en 1953, con la creación del Departamento de Arquitectura y llega hasta 1958 con la fundaciónde la última Facultad de la Universidad de San Carlos de Guatemala. 

Abstract

During more than six decades of existence of the Faculty of Architecture of the University of San Carlos de Guatemala -USAC-, several stages of evolution have been identified that have coincided with the changes in its curricular paradigms: the first comprises from the beginning of the architecture career until the beginning of a general restructuring, which took place in 1972. This article reviews the first part of this stage, which began in 1953, with the creation of the Department of Architecture and lasted until 1958 with the founding of the last Faculty of the University of San Carlos of Guatemala.

 

Palabras clave:

Facultad de Arquitectura USAC, historia de la Facultad de Arquitectura, desarrollo académico, fundación de arquitectura, Plan de Estudios de Arquitectura.

Keywords:
USAC School of Architecture, history of the School of Architecture, academic development, architecture foundation, Architecture Study Plan.

 

Introducción

A principios de la década de los años 50 el mundo se recuperaba de un terrible enfrentamiento entre distintas naciones del orbe, las secuelas de la guerra estaban todavía presentes.  Comenzaban a resaltar las diferencias ideológicas que aportaban a una peligrosa guerra fría que amenazaría persistentemente la paz mundial y que también tendría secuelas en varios países de Latinoamérica. 

En Guatemala estaba en pleno desarrollo el proceso revolucionario iniciado en octubre de 1944. Un año después en 1945 se fundaría el Centro de Arquitectos de Guatemala y más adelante delegados guatemaltecos asistirían al VII y VIII Congresos Panamericanos de Arquitectura celebrados en Cuba en 1949 y en México en 1951.[1] Estos sucesos fueron evidenciando la necesidad de crear estudios de arquitectura en Guatemala.

El 15 de marzo de 1951, el segundo presidente de la revolución, Juan Jacobo Árbenz Guzmán recibía la presidencia del país de manos del Dr. Juan José Arévalo Bermejo. La revolución se estaba consolidando, pero esto no duraría. Muchas decisiones estaban teniendo repercusiones en distintos grupos de poder de la sociedad guatemalteca y algunas también afectaban intereses extranjeros. Era un momento en que el escenario geopolítico se recomponía y el poderío adquirido por Estados Unidos se hacía presente en distintas latitudes de la tierra. Guatemala lo comprobaría muy pronto. Fue precisamente en ese lapso de creciente conflicto que se fue fortaleciendo la idea de la creación de una Facultad de Arquitectura en este país.

Este documento trata del desarrollo de esa idea, desde el período que abarca los años centrales de la década de los 50 cuando se discuten las primeras intenciones para la creación de la carrera de arquitectura. Veremos cómo, en 1953 se lograría la creación del Departamento de Arquitectura adscrito a la Facultad de Ingeniería y luego, en 1958, la aprobación de la Facultad de Arquitectura. Posteriormente, en una segunda parte, se identificarán las primeras acciones académicas y administrativas que orientarían la nueva carrera y que permitirían que, a finales de 1960, se realizara la elección formal de las primeras autoridades.

El tipo de investigación plantea un método que se enfoca en lo cualitativo, en la reflexión y la interpretación de una realidad histórica que se ha quedado difusa y que debe ser retrotraída a un nuevo momento que considera distintas formas de interpretación en un escenario diferente.  El proceso ha requerido el análisis del contexto interno y externo vigente en el período.  Para obtener información se utilizó el análisis documental a partir de las Actas de la Junta Asesora, otras de la Junta Directiva de la Facultad de Ingeniería y del Consejo Superior Universitario, así como de reportes históricos y periódicos.

Se hace un recorrido que comienza previo a las acciones que llevarían a la aprobación inicial del Departamento de Arquitectura en la Facultad de Ingeniería, luego se revisan algunos sucesos del proceso antes de la fundación de la Facultad de Arquitectura. Posteriormente, en una segunda parte se dará seguimiento a la puesta en marcha de la nueva unidad académica y las acciones que se impulsaron para el desarrollo académico, entre ellas, la definición de las normas y reglamentos, el apoyo para el desarrollo de las representaciones estudiantiles y finalmente las acciones para la elección formal de las autoridades. 

La fundación del Departamento de Arquitectura

Jorge Montes era un joven arquitecto que recién regresaba a Guatemala luego de haber estudiado arquitectura en la Universidad de Auburn, Alabama, Estados Unidos. En una entrevista realizada muchos años después de su regreso, relató que a finales de 1952 hubo una invitación del Arquitecto Laso, presidente de la Federación Panamericana de Arquitectos a un congreso en México.  A este evento asistieron varios arquitectos guatemaltecos entre ellos Raúl Minondo, Pelayo Llarena, Alberto Novella y Carlos Asencio. Durante su estadía tuvieron un encuentro fortuito con Frank Lloyd Wright quien incidió fuertemente en ellos con algunos comentarios, uno fue muy significativo: “No copien teniendo ustedes allá mucho más en que inspirarse para hacer su arquitectura propia”. Montes comentó: “… al volver de ese congreso nos hicimos el propósito de fundar la Facultad de Arquitectura, las reuniones se realizaban en Obras Públicas donde yo trabajaba”.[2]

Sería en 1953 durante la Rectoría del Ingeniero y abogado Miguel Asturias Quiñonez [3], que se iniciarían los trámites para la creación de la Facultad de Arquitectura. El arquitecto Jorge Montes, que contaba en ese entonces con 26 años, fue el promotor principal de estas primeras acciones.  Pronto se daría cuenta de los procesos administrativos que debían cubrirse y de los largos trámites necesarios para la creación de una unidad académica. Para avanzar, debía ir paso por paso, por lo que tomó la decisión de pedir el apoyo de la Facultad de Ingeniería y así acelerar la institucionalización de los estudios de arquitectura.[4] El decano de esa Facultad se mostró receptivo a la propuesta y promovió su presentación ante el Consejo Superior Universitario -CSU-, entidad que autorizaría ese mismo año, la creación del Departamento de Arquitectura adscrito a dicha Facultad cuando todavía era rector Asturias Quiñonez.[5] Inicialmente se extendería el título de Ingeniero Arquitecto.[6]  Los estudios se iniciarían en enero de 1954. El director del nuevo Departamento sería el arquitecto Jorge Montes. Los docentes serían ingenieros, artistas y arquitectos graduados en el extranjero. Al contar con la nueva opción académica algunos estudiantes de ingeniería se trasladarían de carrera y nuevos estudiantes se inscribirían.

Pero la lucha por crear la Facultad apenas comenzaba. No sería fácil y continuaría por varios años. A los esfuerzos para la creación de la Facultad se sumarían dos jóvenes y dinámicos arquitectos: Roberto Aycinena y Carlos Haeussler. Ambos recién regresaban graduados de la Universidad Nacional Autónoma de México. No lo sabían entonces, pero años después los conocerían como los tres arquitectos fundadores. Estos tres jóvenes profesionales además del esfuerzo que harían para crear la nueva facultad, serían reconocidos por una fructífera actividad profesional que dejaría huella en la arquitectura y el urbanismo nacional. También sería notoria su participación en la creación de la ciudad universitaria y en el simbólico edificio de la Rectoría.

En marzo de 1954 asumió como Rector el Licenciado Vicente Díaz Samayoa en medio de un escenario político convulso que inquietaba a la sociedad guatemalteca. La revolución sería amenazada y luego interrumpida. Múltiples procesos en diferentes instancias serían truncados. Jacobo Árbenz llegaría a encontrarse en una situación que consideró insostenible y renunciaría a la Presidencia de la Nación el 27 de junio de 1954.[7] A partir de entonces una nueva etapa marcaría el destino de los guatemaltecos.  

Con la caída de Árbenz muchas organizaciones y personas serían perseguidas. Pero en ese momento no lo sería la universidad. La poca vinculación de la Universidad con las acciones políticas del gobierno revolucionario, debido a los propios enfrentamientos ideológicos internos, pudieron favorecer que la universidad no corriera la misma suerte de otras organizaciones.  Al contrario, en octubre de 1954 Castillo Armas dirigió elogios a la Universidad por haber mantenido una ejemplar posición cívica durante la década revolucionaria.[8]  Por consiguiente los sucesos políticos ocurridos a fines de junio no tendría incidencia, al menos de forma inmediata a nivel institucional, en la universidad, “…los asesores de Castillo Armas se preocuparon especialmente porque las nuevas disposiciones sobre ella no le afectaran en su autonomía, sino que por el contrario dieran la impresión de que el gobierno estaba decidido a protegerla.”[9] La Junta de Gobierno decretó una norma presupuestal para asignar a la Universidad el 2% del Presupuesto General de Gastos de la Nación.[10]

Pero pasaría poco tiempo para que se iniciara la confrontación estudiantil. Era 1955 y el estudiantado ya mostraba una férrea oposición hacia el régimen. El primer número del periódico El Estudiante, aparecido en abril, iniciaría una serie de denuncias contra arbitrariedades del gobierno. En marzo de 1956, por motivo de la celebración de la huelga de Dolores, individuos infiltrados en el festejo lanzaron bombas de fósforo contra una de las carrozas ocasionando serias quemaduras a los participantes.[11] El 25 de junio, pasadas las 8 de la noche, luego de una asamblea estudiantil realizada en el paraninfo Universitario, un desfile de estudiantes desfilaba por la 11 calle y 6ª avenida, cuando miembros de la fuerza pública integrada por soldados y policías, dispararon contra ellos. Murieron cinco estudiantes, alrededor de 30 resultaron heridos y más de 200 fueron llevados a prisión, otros más saldrían al exilio. En la madrugada del 26 de junio, el Gobierno decretó el Estado de Sitio con el objeto de aplacar las protestas por la masacre.[12]  La animadversión de grupos de estudiantes universitarios contra el ejército y la fuerza pública se iniciaba.

Mientras tanto el Departamento de Arquitectura funcionaba y mostraba orientaciones hacia el ámbito estético, como se observa en actas de la Junta directiva de Ingeniería: “…dado el carácter del curso de Diseño Arquitectónico 2, no debería ser un arquitecto en si el catedrático, sino un artista, para imprimirle más vida y sensibilidad…”[13]  Este período sería fuertemente influido por los preceptos de la Bauhaus, en cuanto a su orientación esteticista y experimental.[14]

Los hechos que perturbaban al país y a la misma universidad debieron afectar el proceso de formación de la Facultad que durante varios años no evidenció avances significativos. Sin embargo, los esfuerzos no pararon y a decir de Carlos Haeussler, la estrategia de que el Colegio de Ingenieros y Arquitectos eligiera al Arquitecto Aycinena representante ante el CSU repercutió favorablemente en el proceso.[15]  La facilidad de comunicarse con los decanos y otros miembros del consejo ayudó a que en 1957 comenzara a obtenerse resultados concretos.

La fundación de la Facultad de Arquitectura

Se informó a los promotores de la propuesta, que el 26 de julio de 1957, en sesión del Consejo Superior Universitario se resolvería la solicitud de creación de la Facultad de Arquitectura. Por lo que se hicieron presentes en el Paraninfo Universitario en la zona 1 en donde se reunía el Consejo, para esperar la resolución del máximo organismo universitario. Sin embargo, sorpresivamente se suspendió la sesión.[16]  Luego se divulgaría que había sido asesinado el Presidente Castillo Armas. Este nuevo hecho generaría otra crisis política a nivel nacional. La aprobación de la nueva unidad académica debería esperar.

El 2 de marzo de 1958, tomó posesión como Presidente de la República el general Miguel Idígoras Fuentes. De manera casi simultánea, el 1 de marzo, asumió, en un segundo período como Rector, el Dr. Carlos Martínez Durán y como secretario de la Universidad el Licenciado Rafael Cuevas Del Cid, quien posteriormente también sería rector.[17] Tres meses después de asumir, ambas autoridades universitarias refrendarían una resolución que era esperada desde hacía varios años. El 7 de junio, el Consejo Superior Universitario había aprobado la fundación de la Facultad de arquitectura:

 “EL CONSEJO SUPERIOR UNIVERSITARIO, CONSIDERANDO: a) Que desde el año de 1957 se han hecho gestiones para crear la Facultad de Arquitectura. b) Que el país cuenta en la actualidad con el grupo de arquitectos más numeroso en Centroamérica, y que por lo tanto está en la capacidad docente y directiva para superar la etapa actual del Departamento de Arquitectura adscrito a la Facultad de Ingeniería y de sistematizar los elementos para la creación de una Facultad con sus propios contenidos; c) Que en la actual situación es difícil deslindar con toda claridad los sentidos propios de las carreras de ingeniero y el arquitecto; d) Que este carácter mixto no permite encausar debidamente los intereses vocacionales de los estudiantes de ingeniería y arquitectura; e) Que en repetidas ocasiones la Junta Directiva de Ingeniería ha apoyado plenamente las gestiones de los señores Arquitectos para lograr la creación de una nueva Facultad; f) Que en todos los países hispanoamericanos existen Escuelas de Arquitectura desde hace muchos años y que Guatemala por lo tanto está enormemente atrasada en tal sentido; g) Que es de urgencia universitaria y nacional crear la Facultad de Arquitectura; h) Que los señores Arquitectos han ofrecido las facilidades necesarias para esa creación, suscribiendo cada uno de ellos una acción de cien quetzáles (Q. 100.00) para la dotación de los equipos de trabajo y han ofrecido también desempeñar las cátedras no presupuestadas, ad-honorem, lo mismo que el cargo de Decano y Secretario de la mencionada Facultad; ACUERDA:  a) Crear la Facultad de Arquitectura. b) Mientras la nueva facultad se ajusta a la Ley Orgánica y Estatutos para elegir a sus autoridades directivas, el Decano será electo por el Consejo Superior Universitario a propuesta en terna del Colegio de Ingenieros y Arquitectos. Dado en la ciudad de Guatemala, a los siete días del mes de junio de 1958. (ff) Dr. Carlos Martínez Durán, Rector; licenciado Rafael Cuevas del Cid, Secretario”. 

 

De la terna propuesta por el Colegio de Ingenieros y Arquitectos, integrada por los arquitectos Carlos Haeussler, Jorge Montes y Roberto Aycinena, sería electo como Decano interino, Aycinena.

El 7 de agosto de 1958, el nuevo decano daría posesión a los miembros de la Junta Asesora de la Facultad de Arquitectura. Estos fueron designados electivamente por el gremio de arquitectos. Todos los designados estuvieron presentes y formularon los juramentos de rigor para el desempeño de los cargos. Integraron la Junta Asesora los arquitectos Jorge Montes, Carlos Haeussler, Joaquín Olivares, Frank Robinson y Francisco Ferrús.  Ese mismo día a propuesta del decano, se elegiría al arquitecto Roberto Ogarrio como secretario.[18] La Junta Asesora regiría los destinos de la Facultad en tanto se elegían las autoridades conforme a los cánones universitarios.

La nueva Facultad se inauguró formalmente el 5 de septiembre de ese año y, en enero de 1959, iniciaría actividades académicas con el nuevo estatus. Al mismo tiempo los estudiantes fundarían la Asociación de Estudiantes de Arquitectura -AEDA-.[19]  Continuará...



[1] Gilberto Castañeda. “La formación de Arquitectos en Guatemala. Consideraciones académico-pedagógicas” (México: Tesis de Maestría en Docencia e Investigación. Universidad Nacional Autónoma de México. 1990) 18.

[2] Aracely Avendaño, Historia de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de San Carlos de Guatemala. (Guatemala: 2008) 62

[3] Augusto Cazali, Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Época Republicana: 1821-1994. (Guatemala: Editorial Universitaria. 2001), 350.

[4] Avendaño, Historia de la Facultad, 19

[5] Cazali, Historia de la Universidad, 344

[6] Castañeda, Formación de Arquitectos, 18.

[7] Piero Gleijeses, La esperanza rota. La revolución guatemalteca y los Estados Unidos, 1944-1954. (Guatemala: Editorial Universitaria. 2005) 467-475.

[8] Mensaje del Ciudadano Presidente de la República, Teniente Coronel Carlos Castillo Armas a la Asamblea Nacional Constituyente al inaugurarse sus sesiones.  Guatemala, 29 de octubre de 1954, Guatemala: Tipografía Nacional, 1954. 6-7.

[9] Augusto Cazali, Historia de la Universidad, 350.

[10] El imparcial. Año 33. Número 10,859, Guatemala 7 de julio de 1954. P. 1.

[11] El imparcial. Año 34. Número 11,384, Guatemala 24 de marzo de 1956. P. 1-5.

[12] El imparcial. Año 35. Número 11,400, Guatemala 26 de junio de 1956. P. 1-5.

[13] Facultad de Ingeniería. Junta Directiva. Acta 412 del 21 de julio de 1955.

[14] Byron Rabe. Un modelo de desarrollo institucional aplicado a la Facultad de Arquitectura. (Guatemala: Tesis de Maestría en Administración Pública. Instituto Nacional de Administración Pública/ Universidad de San Carlos de Guatemala. 1988) 33-34.

[15] Avendaño, Historia de la Facultad, 20.

[16] Avendaño. Historia de la Facultad, 20

[17] Augusto Cazali, Historia de la Universidad, 370.

[18] Facultad de Arquitectura, Universidad de San Carlos de Guatemala. Junta Asesora. Acta 1 del 7 de agosto de 1958.

[19] Castañeda, “Luchas estudiantiles en la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Carlos de Guatemala (1954-1980)” En Movimientos estudiantiles en la historia de América Latina, Compilado por Renate Marsiske, vol. I, 189-254. México: UNAM-CESU / Plaza y Valdés, 2002.